Evaluando en Preescolar
La evaluación...
La evaluación... Desempeña un papel decisivo en todos los procesos
de enseñanza-aprendizaje; sin embargo lo más importante de la
educación es precisamente lo más complicado “EVALUAR”. (Zaira 2012)
domingo, 31 de agosto de 2014
jueves, 28 de agosto de 2014
domingo, 7 de octubre de 2012
Evaluación
“En la evaluación, todos están dentro,
todos tienen mérito y todos tienen responsabilidad”
Francesco Tonucci
El término evaluación apareció en el
proceso de industrialización que se produjo en Estados Unidos que obligó a los
centros educativos a adaptarse a las exigencias del aparato productivo.
(Casanova, 1998)
Henry Fayol en 1916 publicó su obra
“Administración general e industrial” y estableció que los principios básicos
de toda actuación en el ámbito administrativo eran: planificar, realizar y
evaluar.
A partir de esta publicación la
evaluación fue concebida como un control de los resultados obtenidos
principalmente en la industria. Se
diseñaron diferentes test que comenzaron a aplicarse en la segunda guerra
mundial.
La evaluación durante este tiempo era
vista únicamente para detectar anomalías en la producción y la calidad de los
servicios; posteriormente esta concepción se extendió hasta el sistema
educativo.
Conociendo sus orígenes y la concepción que
se tenía de la evaluación, es como se puede comprender la concepción que
actualmente se tiene sobre ella, lo primordial es que debe ir encaminada a la superación
y no a la desaprobación o descalificación.
El proceso de evaluación es necesario
pues si no se realiza una pausa para reflexionar y valorar qué de todo lo que
se está haciendo funciona o no, podemos caer en errores que jamás serán
superados, y será casi imposible mejorar en nuestra intervención docente, esta
tarea no es nada fácil pues se necesita hacerla de manera consciente,
organizada y tomando en cuenta que esta reflexión se hace con el propósito de
mejorar.
La evaluación nos ayuda a mejorar la
calidad de los servicios educativos, que es lo que continuamente pretenden
planes, programas, reformas, etc. Desempeña un papel decisivo en todos los
procesos de enseñanza-aprendizaje; sin embargo lo más importante de la
educación es precisamente lo más complicado “EVALUAR”.
Evaluar es algo que indiscutiblemente se
tiene que hacer, independientemente de que sea un requisito administrativo, pero
por ser algo tan obvio probablemente se da por hecho y entonces no se realiza o
por lo menos, no de manera consciente ni sistemática, es necesario diseñar este
proceso, registrarlo y analizarlo si es que se quiere avanzar y sobre todo
mejorar al momento de intervenir con los alumnos.
Rolland (1994) señala que: “La
evaluación debe servir para: actuar, tomar decisiones educativas, observar la
evolución y progreso de los niños y para planear si hay que intervenir o
modificar determinadas situaciones, relaciones o actividades en el aula.” (p.
197)
En el caso del nivel preescolar, la evaluación es
fundamentalmente de carácter cualitativo, está
centrada en identificar los avances y dificultades que tienen los niños en sus
procesos de aprendizaje, y no a asignar cuantitativamente una calificación que
en muchas ocasiones es subjetiva y carente de sentido.
A
pesar de no ser necesaria la asignación de un número al momento de evaluar a
los alumnos, este proceso es complicado ya que conlleva un gran trabajo y
requiere de dedicación por parte del docente así como de todas las personas
involucradas en el contexto escolar.
La
educación preescolar pretende el desarrollo de competencias de las niñas y los
niños que asisten a los centros de educación preescolar, y esta decisión de
orden curricular, tiene como finalidad principal propiciar que los alumnos
integren sus aprendizajes y los utilicen en su actuar cotidiano, logrando así
los aprendizajes esperados y el desarrollo de las competencias establecidas en
los campos formativos.
El Programa de Educación Preescolar 2004
(SEP, 2004) se refiere a la evaluación como: “Un proceso que consiste en
comparar o valorar lo que los niños conocen y saben hacer, sus competencias,
respecto a su situación al comenzar un ciclo escolar, un periodo de trabajo o
una secuencia de actividades, y respecto a las metas o propósitos establecidos
en el programa educativo de cada nivel” (p. 131)
La evaluación es una actividad cotidiana
en la práctica educativa, que forma parte del proceso enseñanza aprendizaje,
para detectar no sólo el grado de desarrollo de los alumnos si no también los
logros, y el propio desempeño del docente, sobre todo con la intención principalmente
de ir retroalimentando la planeación.
Para poder evaluar es necesario que el
docente conozca ciertas características propias de este proceso como: su
finalidad, función, momentos de aplicación, personas que intervienen en ella,
etc. Ya que esta es una tarea que debe
tener presente en todo momento.
Las finalidades de la evaluación son
constatar los aprendizajes de los alumnos, logros, dificultades que manifiestan
para alcanzar las competencias señaladas en los campos formativos, identificar
los factores que influyen o afectan su aprendizaje, incluyendo la práctica
docente y las condiciones en que ocurre el trabajo educativo.
Lo anterior, como base para valorar su
pertinencia o su modificación, además de mejorar la acción educativa de la
escuela, la cual incluye el trabajo docente y otros aspectos del proceso
escolar, se debe tener muy presente que la evaluación busca la superación de lo
que no está funcionando o mejorar lo que actualmente está dando resultados.
La evaluación en el nivel preescolar
tiene una función únicamente formativa, sirve de medio para mejorar el proceso
educativo, y no para determinar si un alumno acredita un grado como condición
para pasar al siguiente, por otro lado, el avance de los alumnos en los tres
grados de la educación preescolar no tiene como requisito una boleta de
aprobación.
Por la función formativa de la
evaluación, es necesario establecer prácticas que permitan observar con
atención los procesos que siguen los niños durante el desarrollo de las
actividades escolares, no solo dentro del aula sino también cuando participan
fuera de ella o con otros docentes.
Durante el proceso de evaluación es importante
centrar la atención en la evolución del dominio de las competencias que los
niños van adquiriendo, y no sólo en sus logros al final del ciclo escolar, ya
que no todos reflejan avances al mismo tiempo ni lo hacen de la misma manera.
Lo que se debe evaluar es: el
aprendizaje de los alumnos, el proceso educativo en el grupo y la organización
del aula, además de la práctica docente, la organización y el funcionamiento que
tiene la escuela, incluyendo la relación de esta con las familias de los
alumnos.
La evaluación del aprendizaje representa
la base para que la educadora, de manera sistemática, decida y realice los
cambios necesarios en su intervención docente o en las condiciones del proceso
escolar comenzando en primer lugar con el aula y posteriormente lo que esté en
sus manos realizar.
Asimismo, no solamente se evalúan los
aprendizajes de los alumnos sino que también se deben incluir otros factores
que influyen en el proceso educativo; es necesario también diversificar los
medios e instrumentos de evaluación y aprovechar plenamente la información
obtenida en este proceso.
Las personas encargadas de realizar
estas evaluaciones son: la educadora, el personal directivo del centro o zona
escolar, los padres de familia y todo esto principalmente con la participación
de los niños, teniendo en consideración que este es un trabajo compartido con
la intención de realizar una evaluación verídica que abarque todos los ámbitos
y rasgos posibles.
Los resultados de la evaluación deben
ser uno de los elementos principales para la reflexión colectiva del personal
docente en el Jardín de Niños, los diferentes docentes que intervienen en este
proceso deben participar, además estos resultados sirven para la comunicación
con las madres y los padres de familia.
Los alumnos que se encuentran en las
aulas del nivel preescolar provienen de contextos diversos, presentan edades
diferentes y están expuestos a distintas experiencias desde su nacimiento por
lo tanto, se debe tomar en cuenta que no aprenderán de la misma forma ni al
mismo tiempo.
Es por lo anterior que la evaluación se
realiza en diferentes momentos a lo largo del ciclo escolar con la intención de
tomar en cuenta todos los momentos en que el niño se va desarrollando,
contemplando la evolución que los alumnos van teniendo y respetando así el tiempo en que cada uno lo
hace.
La evaluación diagnóstica o inicial se
realiza considerando competencias de los seis campos formativos que permitan
observar determinados rasgos en los alumnos, la información debe quedar
registrada para su consulta y sistematización durante la realización de las
actividades y al final del año escolar.
La información obtenida de esta primera
evaluación orientará al docente para planificar el orden y cómo se irán
considerandos las competencias a trabajar así como los aprendizajes esperados y
los campos formativos, es una guía para organizar las actividades posteriores
que realizará la educadora en el grupo.
Además, a mediados del ciclo escolar se
efectúa la evaluación intermedia con la intención de recuperar la información
que se ha obtenido de los resultados de aprendizajes hasta ese momento, y
confrontarlos con la evaluación inicial, es en este momento en donde se observa
la evolución de los alumnos en el desarrollo de las competencias y los
aprendizajes esperados.
La evaluación final, como su nombre lo
indica, se realiza casi al final del ciclo escolar, y consiste en contrastar
los resultados que se obtuvieron hasta ese momento con los aprendizajes
esperados y los estándares curriculares contemplados para este primer nivel de
educación básica.
Sin embargo el docente deberá estar
atento de forma continua del proceso que llevan los niños; qué es lo que van
aprendiendo y cómo lo van aprendiendo, con el propósito de registrar
información que le sea relevante para identificar aciertos, problemas o
aspectos que se deban mejorar.
La observación es una herramienta muy
importante en el proceso de la evaluación; esta permite el acceso a
las innovaciones educativas y pedagógicas, a la reflexión crítica, promueve un
replanteo de las actitudes y del rol docente.
Las
observaciones que se realizan deben partir del contexto institucional como ámbito
y contenido de la práctica enseñante y además de facilitar la inclusión de
nuevas estrategias y modalidades de enseñanza.
Para obtener y recopilar la información
en que se basa la evaluación se realizan observaciones atentas de los alumnos en
las diferentes actividades que realizan en el jardín de niños así como al
momento de trabajar propiamente en las actividades, se dialoga con ellos y con
los padres de familia, además de realizar diferentes entrevistas.
El docente debe organizar en los
primeros días del ciclo escolar o al momento de las inscripciones de los
alumnos entrevistas con los padres de familia para conocer su situación
familiar y algunas características de su contexto.
Sin
embargo, una observación que no se registra suele transformarse en un hecho
subjetivo, ya que se pierden los detalles, además de que inconscientemente
podemos mezclar el hecho tal cual como sucedió con nuestros propios juicios.
En el desarrollo de la jornada escolar,
estos hechos ocurren simultáneamente, y pueden dificultar el registro y la
posterior organización de la información, es imposible que un docente guarde en
su memoria todos los hechos relevantes que ocurren en el grupo durante el
transcurso del día.
Por ello, se debe contar con
instrumentos de evaluación prácticos que permitan al docente registrar y
sistematizar de una manera más específica la información recopilada y recurrir
a ella cuando sea preciso.
Dichos instrumentos, debidamente
llenados servirán posteriormente de base para elaborar los informes dirigidos a
los padres acerca de los avances o dificultades que presentan sus hijos en el
preescolar, además servirán de guía a la docente para lograr una mejor
intervención educativa y a la vez orientar al niño durante el desarrollo de las
actividades.
Los registros de evaluación tienen
además la finalidad de contribuir a que la educadora del grado siguiente o la
maestra de primero de primaria cuenten con información para diseñar o
planificar su trabajo en función de las características de sus nuevos alumnos.
Sin embargo, esto no se realiza en todos
los contextos escolares y los expedientes personales de los alumnos terminan
siendo requisitos administrativos que posteriormente pierden su propósito y no
llegan a las manos de la educadora del siguiente curso o a la maestra de
primero de primaria.
Según el Programa de Educación
Preescolar 2004 (SEP, 2004) en el apartado VII. La evaluación, se consideran principalmente dos instrumentos
de evaluación, el expediente personal del niño y el diario de trabajo.
Actualmente, la Guía para la Educadora 2011
(SEP, 2011) propone para el registro de esta información instrumentos como el
diario de trabajo, una lista de cotejo, el plan de trabajo, portafolios con las
evidencias de los niños o los expedientes personales de los alumnos.
A pesar de estas propuestas cada
educadora tiene la libertad de seleccionar los diferentes instrumentos que crea
más pertinentes respondiendo a las necesidades de su grupo y adecuando estos
instrumentos a las características individuales de los alumnos.
Las acciones de evaluación sólo tienen
sentido si la información y las conclusiones obtenidas sirven para generar la
reflexión de la educadora, con el análisis de esta información se puede modificar
aquello del proceso escolar que obstaculice el logro de los propósitos
educativos.
Al analizar la información se fortalece lo
que está reflejando resultados favorables y al mismo tiempo se modifica aquello
que presenta dificultades, permite diseñar y experimentar nuevas formas de
trabajo, redefiniendo así lo que falta por realizar o no se ha alcanzado según los
propósitos previstos o deseables.
En la evaluación el principal propósito
es comparar y valorar lo que los niños saben hacer, conocen y las competencias
que han desarrollado con respecto a su situación al comenzar el ciclo escolar,
un periodo de trabajo o una secuencia de actividades, esto se valora en
diferentes momentos del ciclo escolar.
Posteriormente, la información
recopilada se debe contrastar con las metas o propósitos que se establecen en
el programa educativo de cada nivel; esta valoración se basa en la información
que la educadora recoge, organiza e interpreta en diversos momentos del trabajo
diario y a lo largo de un ciclo escolar.
Zaira 2012
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