La evaluación...

La evaluación... Desempeña un papel decisivo en todos los procesos
de enseñanza-aprendizaje; sin embargo lo más importante de la
educación es precisamente lo más complicado “EVALUAR”. (Zaira 2012)



domingo, 7 de octubre de 2012

Evaluación




“En la evaluación, todos están dentro,

todos tienen mérito y todos tienen responsabilidad”

   Francesco Tonucci

El término evaluación apareció en el proceso de industrialización que se produjo en Estados Unidos que obligó a los centros educativos a adaptarse a las exigencias del aparato productivo. (Casanova, 1998)

Henry Fayol en 1916 publicó su obra “Administración general e industrial” y estableció que los principios básicos de toda actuación en el ámbito administrativo eran: planificar, realizar y evaluar.

A partir de esta publicación la evaluación fue concebida como un control de los resultados obtenidos principalmente en la industria.  Se diseñaron diferentes test que comenzaron a aplicarse en la segunda guerra mundial.

La evaluación durante este tiempo era vista únicamente para detectar anomalías en la producción y la calidad de los servicios; posteriormente esta concepción se extendió hasta el sistema educativo.

Conociendo sus orígenes y la concepción que se tenía de la evaluación, es como se puede comprender la concepción que actualmente se tiene sobre ella, lo primordial es que debe ir encaminada a la superación y no a la desaprobación o descalificación.

El proceso de evaluación es necesario pues si no se realiza una pausa para reflexionar y valorar qué de todo lo que se está haciendo funciona o no, podemos caer en errores que jamás serán superados, y será casi imposible mejorar en nuestra intervención docente, esta tarea no es nada fácil pues se necesita hacerla de manera consciente, organizada y tomando en cuenta que esta reflexión se hace con el propósito de mejorar.

La evaluación nos ayuda a mejorar la calidad de los servicios educativos, que es lo que continuamente pretenden planes, programas, reformas, etc. Desempeña un papel decisivo en todos los procesos de enseñanza-aprendizaje; sin embargo lo más importante de la educación es precisamente lo más complicado “EVALUAR”.

Evaluar es algo que indiscutiblemente se tiene que hacer, independientemente de que sea un requisito administrativo, pero por ser algo tan obvio probablemente se da por hecho y entonces no se realiza o por lo menos, no de manera consciente ni sistemática, es necesario diseñar este proceso, registrarlo y analizarlo si es que se quiere avanzar y sobre todo mejorar al momento de intervenir con los alumnos.

Rolland (1994) señala que: “La evaluación debe servir para: actuar, tomar decisiones educativas, observar la evolución y progreso de los niños y para planear si hay que intervenir o modificar determinadas situaciones, relaciones o actividades en el aula.” (p. 197) 

En el caso del nivel preescolar, la evaluación es fundamentalmente de carácter cualitativo, está centrada en identificar los avances y dificultades que tienen los niños en sus procesos de aprendizaje, y no a asignar cuantitativamente una calificación que en muchas ocasiones es subjetiva y carente de sentido.

A pesar de no ser necesaria la asignación de un número al momento de evaluar a los alumnos, este proceso es complicado ya que conlleva un gran trabajo y requiere de dedicación por parte del docente así como de todas las personas involucradas en el contexto escolar.

La educación preescolar pretende el desarrollo de competencias de las niñas y los niños que asisten a los centros de educación preescolar, y esta decisión de orden curricular, tiene como finalidad principal propiciar que los alumnos integren sus aprendizajes y los utilicen en su actuar cotidiano, logrando así los aprendizajes esperados y el desarrollo de las competencias establecidas en los campos formativos.

El Programa de Educación Preescolar 2004 (SEP, 2004) se refiere a la evaluación como: “Un proceso que consiste en comparar o valorar lo que los niños conocen y saben hacer, sus competencias, respecto a su situación al comenzar un ciclo escolar, un periodo de trabajo o una secuencia de actividades, y respecto a las metas o propósitos establecidos en el programa educativo de cada nivel” (p. 131)

La evaluación es una actividad cotidiana en la práctica educativa, que forma parte del proceso enseñanza aprendizaje, para detectar no sólo el grado de desarrollo de los alumnos si no también los logros, y el propio desempeño del docente, sobre todo con la intención principalmente  de ir retroalimentando la planeación.

Para poder evaluar es necesario que el docente conozca ciertas características propias de este proceso como: su finalidad, función, momentos de aplicación, personas que intervienen en ella, etc.  Ya que esta es una tarea que debe tener presente en todo momento.

Las finalidades de la evaluación son constatar los aprendizajes de los alumnos, logros, dificultades que manifiestan para alcanzar las competencias señaladas en los campos formativos, identificar los factores que influyen o afectan su aprendizaje, incluyendo la práctica docente y las condiciones en que ocurre el trabajo educativo.

Lo anterior, como base para valorar su pertinencia o su modificación, además de mejorar la acción educativa de la escuela, la cual incluye el trabajo docente y otros aspectos del proceso escolar, se debe tener muy presente que la evaluación busca la superación de lo que no está funcionando o mejorar lo que actualmente está dando resultados.

La evaluación en el nivel preescolar tiene una función únicamente formativa, sirve de medio para mejorar el proceso educativo, y no para determinar si un alumno acredita un grado como condición para pasar al siguiente, por otro lado, el avance de los alumnos en los tres grados de la educación preescolar no tiene como requisito una boleta de aprobación.

Por la función formativa de la evaluación, es necesario establecer prácticas que permitan observar con atención los procesos que siguen los niños durante el desarrollo de las actividades escolares, no solo dentro del aula sino también cuando participan fuera de ella o con otros docentes.

Durante el proceso de evaluación es importante centrar la atención en la evolución del dominio de las competencias que los niños van adquiriendo, y no sólo en sus logros al final del ciclo escolar, ya que no todos reflejan avances al mismo tiempo ni lo hacen de la misma manera.

Lo que se debe evaluar es: el aprendizaje de los alumnos, el proceso educativo en el grupo y la organización del aula, además de la práctica docente, la organización y el funcionamiento que tiene la escuela, incluyendo la relación de esta con las familias de los alumnos.

La evaluación del aprendizaje representa la base para que la educadora, de manera sistemática, decida y realice los cambios necesarios en su intervención docente o en las condiciones del proceso escolar comenzando en primer lugar con el aula y posteriormente lo que esté en sus manos realizar.

Asimismo, no solamente se evalúan los aprendizajes de los alumnos sino que también se deben incluir otros factores que influyen en el proceso educativo; es necesario también diversificar los medios e instrumentos de evaluación y aprovechar plenamente la información obtenida en este proceso.

Las personas encargadas de realizar estas evaluaciones son: la educadora, el personal directivo del centro o zona escolar, los padres de familia y todo esto principalmente con la participación de los niños, teniendo en consideración que este es un trabajo compartido con la intención de realizar una evaluación verídica que abarque todos los ámbitos y rasgos posibles.

Los resultados de la evaluación deben ser uno de los elementos principales para la reflexión colectiva del personal docente en el Jardín de Niños, los diferentes docentes que intervienen en este proceso deben participar, además estos resultados sirven para la comunicación con las madres y los padres de familia.

Los alumnos que se encuentran en las aulas del nivel preescolar provienen de contextos diversos, presentan edades diferentes y están expuestos a distintas experiencias desde su nacimiento por lo tanto, se debe tomar en cuenta que no aprenderán de la misma forma ni al mismo tiempo.

Es por lo anterior que la evaluación se realiza en diferentes momentos a lo largo del ciclo escolar con la intención de tomar en cuenta todos los momentos en que el niño se va desarrollando, contemplando la evolución que los alumnos van teniendo  y respetando así el tiempo en que cada uno lo hace.

La evaluación diagnóstica o inicial se realiza considerando competencias de los seis campos formativos que permitan observar determinados rasgos en los alumnos, la información debe quedar registrada para su consulta y sistematización durante la realización de las actividades y al final del año escolar.

La información obtenida de esta primera evaluación orientará al docente para planificar el orden y cómo se irán considerandos las competencias a trabajar así como los aprendizajes esperados y los campos formativos, es una guía para organizar las actividades posteriores que realizará la educadora en el grupo.

Además, a mediados del ciclo escolar se efectúa la evaluación intermedia con la intención de recuperar la información que se ha obtenido de los resultados de aprendizajes hasta ese momento, y confrontarlos con la evaluación inicial, es en este momento en donde se observa la evolución de los alumnos en el desarrollo de las competencias y los aprendizajes esperados.

La evaluación final, como su nombre lo indica, se realiza casi al final del ciclo escolar, y consiste en contrastar los resultados que se obtuvieron hasta ese momento con los aprendizajes esperados y los estándares curriculares contemplados para este primer nivel de educación básica.

Sin embargo el docente deberá estar atento de forma continua del proceso que llevan los niños; qué es lo que van aprendiendo y cómo lo van aprendiendo, con el propósito de registrar información que le sea relevante para identificar aciertos, problemas o aspectos que se deban mejorar.

La observación es una herramienta muy importante en el proceso de la evaluación; esta permite el acceso a las innovaciones educativas y pedagógicas, a la reflexión crítica, promueve un replanteo de las actitudes y del rol docente.

Las observaciones que se realizan deben partir del contexto institucional como ámbito y contenido de la práctica enseñante y además de facilitar la inclusión de nuevas estrategias y modalidades de enseñanza.

Para obtener y recopilar la información en que se basa la evaluación se realizan observaciones atentas de los alumnos en las diferentes actividades que realizan en el jardín de niños así como al momento de trabajar propiamente en las actividades, se dialoga con ellos y con los padres de familia, además de realizar diferentes entrevistas.

El docente debe organizar en los primeros días del ciclo escolar o al momento de las inscripciones de los alumnos entrevistas con los padres de familia para conocer su situación familiar y algunas características de su contexto.

Sin embargo, una observación que no se registra suele transformarse en un hecho subjetivo, ya que se pierden los detalles, además de que inconscientemente podemos mezclar el hecho tal cual como sucedió con nuestros propios juicios.

En el desarrollo de la jornada escolar, estos hechos ocurren simultáneamente, y pueden dificultar el registro y la posterior organización de la información, es imposible que un docente guarde en su memoria todos los hechos relevantes que ocurren en el grupo durante el transcurso del día.

Por ello, se debe contar con instrumentos de evaluación prácticos que permitan al docente registrar y sistematizar de una manera más específica la información recopilada y recurrir a ella cuando sea preciso.

Dichos instrumentos, debidamente llenados servirán posteriormente de base para elaborar los informes dirigidos a los padres acerca de los avances o dificultades que presentan sus hijos en el preescolar, además servirán de guía a la docente para lograr una mejor intervención educativa y a la vez orientar al niño durante el desarrollo de las actividades.

Los registros de evaluación tienen además la finalidad de contribuir a que la educadora del grado siguiente o la maestra de primero de primaria cuenten con información para diseñar o planificar su trabajo en función de las características de sus nuevos alumnos.

Sin embargo, esto no se realiza en todos los contextos escolares y los expedientes personales de los alumnos terminan siendo requisitos administrativos que posteriormente pierden su propósito y no llegan a las manos de la educadora del siguiente curso o a la maestra de primero de primaria.

Según el Programa de Educación Preescolar 2004 (SEP, 2004) en el apartado VII. La evaluación, se consideran principalmente dos instrumentos de evaluación, el expediente personal del niño y el diario de trabajo.

Actualmente, la Guía para la Educadora 2011 (SEP, 2011) propone para el registro de esta información instrumentos como el diario de trabajo, una lista de cotejo, el plan de trabajo, portafolios con las evidencias de los niños o los expedientes personales de los alumnos.

A pesar de estas propuestas cada educadora tiene la libertad de seleccionar los diferentes instrumentos que crea más pertinentes respondiendo a las necesidades de su grupo y adecuando estos instrumentos a las características individuales de los alumnos.

Las acciones de evaluación sólo tienen sentido si la información y las conclusiones obtenidas sirven para generar la reflexión de la educadora, con el análisis de esta información se puede modificar aquello del proceso escolar que obstaculice el logro de los propósitos educativos.

Al analizar la información se fortalece lo que está reflejando resultados favorables y al mismo tiempo se modifica aquello que presenta dificultades, permite diseñar y experimentar nuevas formas de trabajo, redefiniendo así lo que falta por realizar o no se ha alcanzado según los propósitos previstos o deseables.

En la evaluación el principal propósito es comparar y valorar lo que los niños saben hacer, conocen y las competencias que han desarrollado con respecto a su situación al comenzar el ciclo escolar, un periodo de trabajo o una secuencia de actividades, esto se valora en diferentes momentos del ciclo escolar.

Posteriormente, la información recopilada se debe contrastar con las metas o propósitos que se establecen en el programa educativo de cada nivel; esta valoración se basa en la información que la educadora recoge, organiza e interpreta en diversos momentos del trabajo diario y a lo largo de un ciclo escolar.
Zaira 2012

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